Alegoría de la identidad:
Imagine un camino oscuro, negro, color azabache, iluminado por un gran muro carmesí de fuego. Un ejercito de hombres de color negro, sombras antropomórficas, camina en dirección al muro de fuego, eventualmente, llegan a su destrucción juntos, pero el flujo de desesperanzados no cesa y continua prolijamente su autodestructivo camino. En dirección contraria un ejercito de rebelados color blanco marcha con mas entusiasmo, también en grupo. Estos desconocen en efecto una realidad terrible, el camino en realidad traza una recta perfecta en el medio de una esfera, con lo cual, mientras mas creen alejarse del muro de fuego, mas cerca están de su destrucción. Finalmente, hay un tercer tipo de persona, hombres grises, estos se resisten al contagio ferviente de los fanáticos de la autodestrucción, ¿Cómo? Simplemente se quedan de pié, observan, no comparten su destino con nadie, lo suficientemente alejados de las llamas como para sentir calor, peligro, etc.
Ya sea por genialidad o temor, estos hombres solitarios utilizan su tiempo en la observación, construyen hipótesis y teorizan el caótico, y complejo mundo que los rodea. Solos están, pues, lejos están del fanatismo, prefieren vivir solos a morir en sociedad, ¿Son estos los hombres más racionales, coherentes y sabios de este mundo? ¿Su fuerza motriz es la estabilidad, la seguridad, el miedo? Indecisión o genialidad, quizás ambas, mayor el tiempo que usan en observar y justificar el mundo, mayor es la distancia que se alza entre ellos y la verdad absoluta de la muerte, de la comunidad y la pasión.
Condenados pues estamos, a vivir un irrefrenable camino de estupidez autodestructiva, o vivir en cambio, en una gran mentira, promesa salvadora para terminar igualmente autodestruidos, o, finalmente la tensa calma de la espera y la observación, la búsqueda de una verdad –que algunos afirman se encuentra en el mismo centro del muro de flamas- que posiblemente no existe.
“Allí van, los hombres grises unidos, han decidido diseccionar la esfera oscura”
martes, 14 de abril de 2009
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